sábado, 27 de marzo de 2010

P.I.


Supongo que terminó un ciclo muy importante en mi, que dividió mi vida en, lo que yo diría, 2 períodos: antes de conocerte, y después de hacerlo, divididas por un período intermedio, tal como la edad de piedra, pero me limitaré a no poner nombres innecesarios.
Antes de conocerte, era feliz todo el tiempo, all day long. Tenía amigos con los cuales pasaba la mayor parte del tiempo, reía con ellos y ellas, así es, también tenía amigas, con quienes hablaba mucho, epecialemente de ellas, ya que nada especial pasaba en mi vida hasta entonces. Comía, sin protestar. Mi vida social tenía cierto equilibrio con mi vida escolar. En fin, era una persona medianamente, siendo generosos, normal.
El período intermedio, al cual por cuestión de comodidad voy a llamar P.I., que fue el punto en el cual mi vida dió un giro de 360 grados, es decir, cambió completamente, te conocí. Eras tan... Como describirte, tan hermosa, tan tierna y dulce para conmigo, tan atenta. Estabas tan feliz conmigo que nada ni nadie parecía importarte, y tal vez, solo tal vez, era así.
Ese momento duradero, pero efímero en el cual estuve en algo así como un trance que duró algunos meses, de los cuales ya perdí la cuenta, en los cuales no hacía otra cosa que pensar en vos las 24 hs. del día, y no, no estoy exagerando, al contrario, estoy siendo generoso para no quedar tan mal.
Aquel momento en que mi vida giraba entorno tuyo y todo lo que tenía que ver con vos, llegué a tener fotos tuyas en mi computadora, en mi celular, en fin, ningún lugar o cosa que yo usara le faltaba una foto tuya.
Y entonces llegó el momento más temido en toda relación, tanto por el lado del hombre, como por el lado de la mujer, el momento del quiebre, donde algo se pierde y no se recupera.
Claro, nunca había perdido, hasta ese entonces, ni un poco de todo el afecto que sentía hacia tu persona, a pesar de TANTOS momentos horribles y completamente enfermizos que pasé y supongo que vos también pasaste, aunque claro, no tanto como yo. Puedo asegurar hoy, que te amé más yo a vos que vos a mi y no te culpo en lo más mínimo.
Este momento fue cuando mi vida social se caía a pedazos, tanto como mi mente y mi cuerpo, ese momento en el cual yo debía cruzar mis brazos para que no se me desarme el pecho, si es que se entiende. Ese momento donde te necesité y me usaste como un trapito viejo y sucio, que es lo creo que fui la mayor parte del tiempo para vos.
En fin, ese momento que parecía nunca acabar y ese dolor que me despertaba por las noches, que me seguió mucho tiempo, desapareció al fin.
Luego de tanto tiempo, soy libre de vos

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