- Agarrá plata, agarrá plata-
- Tengo plata- le digo
- No agarrá má, agarrá má-
Yo agarré ahí
- No, má má má, toda toda toda-
- Pero no tenmgo que...-
- Toda toda toda-
Agarré toda la plata
- Andá por acá- dice
Me decía el camino, conocía Mar del Plata mi voz interna.
- Sacá entrada... Entrá por esta puerta... Acercate a aquella mesa, es ruleta...-
Yo ashí me acerqué, me puse a mirar
- No jugués... Ahora, jugá... Jugale... al 8-
- Al 8?, pero a mi me gusta el 14- le digo
- Aaaaaaal 8, jugale al 8-
- Pero me gusta el 14-
- el ochooooo-
Y le pongo unos mangos al 8,
- No máa-
- Pero...-
- Toda toda la plata, al 8, al 8-
Toda la plata al 8...
-Ps, quedate tranquilo-
Y claro, toda la plata que tenía... Y gira la ruleta. "NO VA MÁAAAS"... El 31
Y escucho a la vocecita que me dice
- Perdimo'-
Pero en forma de alarma también, porque vio que a veces se quieren propasar las minas. Yo tengo como una especie de alarma contra las mujeres que me van a hacer algún daño, aunque la tengo que mandar al service; entonces yo entro a una milonga la alarma suena "PII PII PII PII", y cuanto más daño me vaya a hacer suena más fuerte... Entonces yo me cuido mucho.

Pero me sucede algo muy curioso, todas las minas que me gustan son... "PII PII PII PII" y entonces voy igual; y para que no suene, (¿Qué hace uno cuando no quiere que suene una alarma?) la desconecto, o le pone unos trapos, le estorba el funcionamiento; entonces, yo, como es una pieza mental, dije "bueno, voy a rodearla de una masa blanca y amorfa", entonces empecé a leer novelas, empecé a ver tele-teatros, me hacía hablar por gente que me hablan, me hablan... y se me llenó la cabeza de una especie de mucosidad de idiotismo, porque el saber no ocupa lugar, pero la estupidez si. Y tenía la alarma rodeada de una masa gelatinosa, y la alarma apenas "pss pss pss", y ahí me daba el gusto: iba a las milongas y me tiraba en brazos de las mujeres más dañinas, y yo ahí, minas que me hacía llorar, esas minas que le hacen a uno la vida imposible.
Pero un día me cansé y decidí escuchar mi voz interna, pero era muy difícil sacarle la masa gelatinosa de alrededor, empecé a hacer ejercicios mentales, pero vio como es el alma de misteriosa, antes lloraba porque la voz interior no me dejaba perderme tranquilo, pero ahora que quería salvarme, a volver a oír aquella vieja y entrañable voz interior, no la oia, había quedado sorda mi alma y yo veía una mina, de esas que uno se da cuenta que lo van a conducir al infierno, y sin embargo no oia nada.
Hasta que conocí a una mujer muy perversa, verdadero engendro era del infierno, se complacía en humillarme: me presentaba a sus familiares y delante de ellos me asignaba tareas humillantes, del estilo de "Enderezame la raya de las medias" "andá a comprarme esto y aquello"; me veía y escupía en mi cara y me decía "disculpa si te escupo en la cara, pero no encontré en toda la casa un lugar más inmundo"; y yo sentía hacia ella esa atracción brutal que uno siente y no puede detener, algo fatal me precipitaba hacia ella y me humillaba y le regalaba ositos de peluche que decían "te quiero" (ositos que ella de volea tiraba por la ventana), pues a cada humillación, a cada llanto, trataba de oír... Y un día la encontré con otro hombre, y pregunté:
- Qué es esto?-
- Una infidelidad, por supuesto-
- Por qué no me explicas?-
- No te lo explicaron cuando eras adolescente?... Preparece un mate- me dijo
Para ella y para el tipo, y me tiró unas monedas... Entonces, viendo que la humillación no podía ser más grande hice fuerza por oír aquella voz, y mientras tanto veía como ella abrazaba a mi rival lo besaba y le decía que lo amaba; hasta que por ahí, despacito, despacito, volvía escuchar el viejo timbre de aquella conciencia amiga, de aquel "Pepe Grillo" olvidado, que me decía:
- Perdimo' otra ve'-


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