De pronto veo al mismo niño, pero de 7 u 8 años jugando con algunos muñecos, de Pokémon, parecen, y de Digimon, en la misma sala no le presto mucha atención; aparece otro niño de 10 u 11 años, es parecido al niño anterior, ha de ser su hermano; ambos comienzan a jugar juntos.
No, ahora estoy en la misma habitación, pero ninguno de los niños está. Ahí está llegando uno, el más pequeño, pero ahora aha crecido, tiene alrededor de 10 años. No entiendo qué pasa, tampoco creo conocer a este niño. Está entrando en la habitación y está usando la computadora.
Mi vista se nubla, todo está negro.
Ahora veo al chico, parece tener 13 años, quizás 14, me resulta conocido más ahora que antes; está mandandole mensajes de texto a alguien. Ya no parece el chico de la primer "visión", parece bastante maduro y bastante crecido desde aquel momento (Si, es notorio el cambio).

De pronto, veo sentado en el sillón de mi casa al chico, a los 15 años, viendo una pelicula "Oliver y su pandilla" si mal no recuerdo, en la misma parte que antes mencioné, pero esta vez si cantar "Siempre unidos vamos a estar"; el chico no pudo evitar que sus ojos se poblaran de lágrimas; pero a pesar de todo, lo que más me llama la atención no es esto, sino que el chico es ahora completamente reconocible, es más, estoy seguro de quién es; soy yo, sin dudas.
Ahora todo tiene sentido.
Son juguetes perdidos, perdidos con el tiempo, que ya no vuelven, y que duelen en la memoria

